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Autor Tema: Un crimen silenciado, La tragedia del barco prisión Cap Arcona.  (Leído 2509 veces)
angel1943
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« en: 29 de Diciembre de 2007, 20:48 »





Ignorada por la mayoría de la gente, fomentada por los nazis, censu¬rada por los ingleses, la mayor tragedia marítima de la historia -el naufragio del barco Cap Arcona y de otros tres buques, bombardea¬dos y ametrallados por la Boyal Air Forcé británica en la bahía de Lübeck, en el mar Báltico, el 3 de mayo de 1945- debía servir, en los últimos días de la II Guerra Mundial, para borrar las huellas de las atro¬cidades cometidas en los campos de concentración. En pocos minu¬tos, más de 7.500 deportados encontraron allí la muerte.

Considerado el "Rey del Atlán¬tico Sur", el Cap Arcona, un vapor rápido de 27.571 toneladas de carga, era la nave almirante de la flota de transatlánticos de la HSDG (Hamburg-Südamerikanische DampfscWfffahrts-Gesellschaft) de Hamburgo. Un buque muy lujoso, esbelto, de propulsión acoplada a tres chimeneas rojas y blancas. El Queen Mary ¡I de su época. En su interior, ningún detalle estaba dejado al azar, mobilia¬rio de excelente factura, suite real, camarotes Victorianos, jardín de invierno, gimnasio, pista de tenis... Un liner excepcional que sirvió de decorado, en 1942, para la versión alemana de una película sobre el naufragio del Titanic.

Construido en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, el Cap Arcona fue botado el 14 de mayo de 1927. Durante ese viaje inaugural, se encontraban a bordo todas las gran¬des personalidades europeas. Por parte francesa, sobresalía la presencia de Fierre Clostermann, verdadera leyenda de la aviación mundial, quien sería el as de ases de los caza franceses de la II Guerra Mundial, logrando 33 victorias y llevando a cabo más de 400 misiones.

Durante 12 años, el Cap Arcona había realizado ininterrumpidamente los fabulosos cruceros a los que debía su reputación. En 1933, era el orgullo del III Reich y navegaba con bandera nazi por todos los océanos. El 25 de agosto de 1939 fue destinado al servicio de guerra. Tras la invasión a Polonia, el vapor fue amarrado al muelle en el puerto de Dánzig (Gdansk), y utilizado como vivienda flotante de la Kriegsmarine (la marina de gue¬rra alemana).

En 1944, ante el avance de las tropas so¬viéticas, el buque recibió la misión de transportar civiles y soldados entre Dánzig y Copenhague, pero sus turbinas se averiaron durante la travesía. Fue entonces remolcado a un astillero escandinavo, donde repararon sus motores, y pudo regresar a Alemania. Cuando ancló en la bahía de Lübeck (puerto alemán del mar Báltico), el 14 de abril de 1945, el Cap Arcona estaba casi inservible. La Kriegsmarine decidió pues restituirlo a la compañía marítima Hamburg-Süd.

Mientras se encontraba anclado en la bahía de Lübeck, conocería la tragedia marítima más mortífera de la historia. Porque ese mismo 14 de abril de 1945. Heinrich Himmler. jefe de las SS, dio la orden de no dejar nin¬gún deportado vivo en manos de los aliados.

Para que las atrocidades de los campos de exterminio quedaran ocultas para siempre, las SS decidieron hacer desaparecer a todos los deportados antes de la llegada de los aliados. Pero la eliminación de los cuerpos era demasiado lenta. Decidieron entonces vaciar los campos de concentración y sacar a los deportados por las carreteras. Así, el 4 de mayo de 1945, las tropas aliadas encontraron el campo de concentración de Neuengamme (el más grande de Alemania, a 25 kilómetros de Hamburgo) completamente vacío. Sin embar¬go, de 1938 a mayo de 1945, había recibido aproximadamente 106.000 deportados de todas las nacionalidades. Allí fueron encerrados, particularmente, unos 11.000 franceses de los cuales sólo algunos cientos sobrevivieron.

Las “caminatas de la muerte” adquirieron dimensiones trágicas y constituyeron para las SS, en esos últimos días de la guerra, un medio terriblemente eficaz de exterminar a los últimos supervivientes de los campos de concentración. Muchos detenidos fueron pasados por las armas, asesinados en las cunetas de un disparo en la nuca. Pero algunos lograron re¬sistir a los golpes, la sed y el hambre, esperando al fin de la guerra para salir del infierno. Por su parte, tras haber liberado el campo de concentración de Bergen-Belsen. el 15 de abril de 1945, las tropas aliadas estaban horrorizadas por lo que habían descubierto.

Mientras tanto, los dirigentes nazis, que buscaban a cualquier precio un modo de bo¬rrar toda huella de los deportados, decidieron amontonarlos a bordo de los buques, encerrarlos allí y hundirlos en alta mar. Karl Kaufmann, jefe nazi del distrito de Hamburgo, ordenó a los oficiales de las SS trasladar a Lübeck, donde se encontraba anclado el Cap Arcona, a los deportados, a pie por las carreteras. Los cargueros Thielbek, Athen y Deutschalnd, presentes en la bahía, serían también preparados para cumplir el mismo siniestro objetivo.

El 18 de abril de 1945, los SS subieron a bordo del Cap Arcona e informaron a los oficiales de que se estaba preparando una “operación especial”, sin dar mayores precisiones. El capitán Heinrich Bertram y el capitán del Thielbek, Jhon Jacobsen, fueron llamados a tierra, donde se les explico en detalle el proyecto criminal. Jacobsen regresó a bordo y re¬veló a su tripulación toda la verdad sobre la "operación especial". Señaló que tanto el capitán Bertram como él se habían negado a concretarla. Al día siguiente, Jacobsen fue separado del mando de su buque.

Del 19 al 26 de abril, más de 11.000 de¬portados llegaron a pie al puerto de Lübeck. Presente en el lugar, la Cruz Roja sueca inten¬tó en vano negociar su rescate con Himmler. El embarque comenzó el 20 de abril. El 55-Sturmbannführer Gehrig ordenó a Fritz Nobmann, capitán del carguero Athen, llevar a 2.300 deportados y 280 oficiales de las SS y kapos (1) a bordo y transferirlos al Cap Arcona, anclado a 4 kilómetros en alta mar. Nobmann se negó. Pero, amenazado con ser fusilado, se resignó a obedecer. Los SS y los kapos hicieron subir a bordo a los deportados a garrotazos. Unas horas más tarde, el Athen abandonó el puerto y se dirigió hacia el Cap Arcona. Al llegar al lugar, el capitán del Cap Arcana, Heinrich Bertram, se negó a embar¬car a los detenidos. El Athen permaneció en alta mar toda la noche y tuvo que regresar al muelle a la mañana siguiente, el 21 de abril, sin haber podido transferir a los deportados.

El SS-Sturmbannführer Gehrig comunicó al comandante de las SS Max Pauly la negativa del capitán Bertram. A su vez, Pauly trans¬mitió la noticia al general de las SS, jefe de la Gestapo de Hamburgo, el conde Bassewitz-Behr, y éste al Gauleiter Karl Kaufmann, co¬misario del Reich para la Marina. La noche del 21 de abril, Karl Kaufmann envió a su ase¬sor personal, el SS-Hauptsturmführer Horn, a encontrarse con John Egbert, presidente del directorio de la compañía marítima Hamburg-Süd, propietaria del Cap Arcona, para decirle que el capitán Bertram debía obedecer las órdenes de embarcar a los "prisioneros de gue¬rra". En caso contrario, sería fusilado.

En ese momento, estaba claro para todos que el Cap Arcana sería hundido con los de¬portados a bordo y que se había decidido su destino.

Pasaron cinco días y, el 26 de abril, el teniente comandante Lewinski y el 55-Sturmbannführer Gehrig subieron al bordo del Cap Arcona. El capitán Bertram intentó, sin éxito, negociar con ellos, quienes le dieron el siguiente ultimátum: o autorizaba in¬mediatamente al Athen a amarrar junto al buque y transferir a sus prisioneros, o sería juzgado ante una corte marcial y fusilado. El capitán Bertram finalmente cedió.

Comandados por el oficial de las SS Kirstein, los militares quitaron todos los chalecos salvavidas, así como los bancos o las banquetas que podían utilizarse como balsas, y los guardaron bajo llave en el pañol.

Durante varios días, el Athen navegaría entre el puerto de Lübeck y el Cap Arcona. Excepto los deportados políticos, todos los prisioneros permanecieron uno o dos días a bordo del Thielbek, antes de ser transferidos al Cap Arcona a través del Athen. Finalmente, subieron a bordo 6.500 deportados y 600 guardias de las SS.

Para los prisioneros, la visión era surrealista. Agotados tras su interminable caminata, recorrieron la crujía decorada con alfombras persas, se dispersaron por los elegantes restaurantes Victorianos. Luego fueron amontonados a razón de 20 por camarote. Para hacer más espacio, sacaron de los camarotes su precioso mobiliario, pero dejaron las mullidas alfombras y los cuadros en las paredes.

Sin embargo, rápidamente, el lujoso barco se transformó en un verdadero infierno. Todos los días, morían allí de 20 a 30 deportados. Casi no había comida ni bebida. Diariamente, una lancha traía agua potable y regresaba a Lübeck con los muertos. Los guardias se ensañaban particularmente con los prisioneros rusos.
En vista del hundimiento, el número de oficiales de las SS se redu¬jo gradualmente y fueron reemplazados por miembros del ejército de tierra de entre 55 y 60 años de edad, y de la infantería de marina.

El Athen realizó su último viaje al Cap Arcona el 30 de abril, es¬ta vez para sacar prisioneros del buque, tan superpoblado que incluso los SS no podían soportar más los muertos amontonados y el mal olor. Además, se habían llevado a cabo negociaciones con la Cruz Roja sueca, y se había llegado a un acuerdo para facilitar el rescate de los detenidos franceses. A los ojos de los nazis, la derrota era un hecho. Con esta medida de clemencia respecto de algunos detenidos, esperaban una reducción de las sanciones que sin duda les impondrían los países vencedores.

Algunos prisioneros aprendieron rápidamente algunas palabras en francés para tratar de engañar a los guardias y abandonar el barco. Muchos fueron fusilados cuando un último interrogatorio en francés re¬veló su verdadera nacionalidad. En total, 2.000 deportados franceses y residentes del imperio colonial francés lograron abandonar el Cap Arcona y el Thielbeck, el 30 de abril. Fueron llevados a Suecia y hospi¬talizados. Algunos detenidos fran¬eses se negaron a abandonar los camarotes del Cap Arcona y del Thielbeck, considerando que las condiciones de supervivencia en los demás barcos eran aún más azaro¬sas. Sin saberlo, firmaban así su sentencia de muerte.

El 30 de abril de 1945, los deportados se enteraron de que Adolf Hitler se había suicidado, que Berlín había sido ocupada por las tropas rusas y que la guerra prácticamente había terminado.

Desde hacía cinco días, pontones y varias barcazas de desembar¬co trasladaban a Lübeck a medio millar de deportados famélicos más (hombres, mujeres, niños), provenientes del campo de concentración de Stutthof, cerca de Dánzig, en Polonia. Debían embarcar en el Cap Arcona.


De repente, el 3 de mayo, mientras submarinos alemanes manio¬braban en la bahía de Lübeck y se preparaban para disparar los mortales torpedos con el fin de hundir el Cap Arcana, irrumpieron los tanques británicos. Los alemanes se pu¬sieron a cubierto para combatir.

La mañana de ese mismo día, un avión inglés había efectuado un vue¬lo de reconocimiento sobre la bahía de Lübeck y había observado al Cap Arcana. Presintiendo su inminente liberación, los deportados le habían hecho señales con sus manos. Todavía presentes en el carguero Athens, los soldados nazis abrieron fuego contra el avión. Para escapar a los disparos de las baterías antiaéreas, el aparato volaba entonces a 10.000 pies, lo que hacía imposible identificar a las personas a bordo.

Al mediodía, dos oficiales británicos se presentaron en la oficina de la Cruz Roja sueca, en Lübeck, para informarse sobre todos los detalles de los buques prisiones. Tras haber escuchado el informe, prometieron actuar en consecuencia. Lamentablemente, era demasiado tarde para desviar la operación lanzada. Varios aviones de la Royal Air Forcé (RAF) se presentaron en la bahía de Lübeck. Cuatro escuadras de cazabombarderos Typhoon de la Second Tactical Air Forcé se ubicaron en posición de ataque. Los nazis colocaron en sus barcos militares banderas blancas, pero mantuvieron la bandera hitleriana en el Cap Arcona, el Athen, el Thielbek y el Deutchland.

A las 14.30 horas, la visibilidad era buena. El capitán inglés Martin
Scott Rumbold inició el ataque. El Cap Arcona y los demás buques fueron bombardeados y ametrallados por los cazabombarderos. Entre los pilotos se encontraba Fierre Clostermann, un aviador francés que integró la Royal Air Forcé y que había sido pasajero del crucero inaugural del Cap Arcona. Completamente incendiado, éste comenzó a hundirse. A bordo, los detenidos sabían que sólo disponían de muy poco tiempo para escapar. Bertram, el capitán, dejó el puente cubierto de humo abriéndose cami¬no a golpes de machete a través de la masa de prisioneros y abandonó el barco. Los SS aterrorizaban a los detenidos disparando con sus ametralladoras. Muchos de los botes de salvamento fueron perforados. Sólo uno fue lanzado al mar por los SS para escapar.
Presas de un pánico indescriptible, los deportados que no fueron asesinados durante el ataque, ni se habían quemado o ahogado en su prisión, se abalanzaron hacia el puente y se arrojaron al agua, don¬de intentaron aferrarse a los tablones que flotaban. La mayoría se ahogó. El resto nadó en aguas glaciales. Muchos murieron ametrallados por los cañones de 20 mm. de los caza ingleses que iban y venían volando al ras del mar. Algunos detenidos fueron rescatados por pescadores alemanes que socorrían a las víctimas. En tierra, los primeros supervivientes solicitaron a las tro¬pas británicas que enviaran urgentemente botes de salvamento.
La bandera blanca del carguero Thielbek no bastó para detener la furia inglesa. El ataque perpetrado contra éste se produjo minutos después. Sólo unos pocos detenidos escaparon de las bodegas. El barco escoró 50 grados y comenzó a hundirse. De los 2.800 deportados a bordo, sólo 50 sobrevivieron. Todos los guardias de las SS y los de la infantería de marina fueron ase¬sinados, al igual que el capitán Jacobsen.
Los gritos de los moribundos se oían cíesele l.iibeek.
Había 4.500 detenidos a bordo del Cap Arcana, 2.800 en el Thielbek y 1.998 en el Athen; lograron salvarse 316 prisioneros del Cap Arcana, 50 del Thielbek y la totalidad de los deportados del Athen. En total, 7.500 prisioneros de guerra, de 28 nacionalidades, fueron asesinados en menos de 30 minutos, durante esta incursión aérea.
En la euforia del triunfo, los diarios ingleses e internacionales sólo mencionaron el "brillante a-taque" de los aviones ingleses. Al día siguiente, las tropas británicas ingresaron en el campo de concentración de Neuengamme completamente vacío y el mariscal Montgomery recibió la rendición de las tropas de Alemania del Norte. Cuatro días más tarde, el 8 de mayo de 1945, la guerra terminaba en Europa.
Ningún gobierno británico se refirió jamás a la muerte de los 7.500 deportados de la bahía de Lübeck asesinados por su aviación. Nunca se ofrendaron coronas de flores ni se pronunció ningún discurso en su memoria. Se cavaron fosas comunes a lo largo de la playa entre Lübeck y Pelzerhaken. Los supervivientes hicieron construir un cenotafio de
piedra en el que se lee en grandes letras negras: "A la memoria eterna de los deportados del campo de concen¬tración de Neuengamme. Murieron durante el naufragio del Cap Arcana el 3 de mayo de 1945".
Las autoridades británicas explicaron más tarde que la presencia de una flotilla militar alemana junto al Cap Arcana les había induci¬do al error, pensando que el barco estaba ocupado por militares alema¬nes. En 2000, el historiador alemán Wilhelm Lange afirmó que los británicos sabían de la existencia de estos buques prisiones un día antes de sus bombardeos, pero que esta información no se había dado a conocer. La tragedia de la bahía de Lübeck es considerada un verdadero crimen de guerra. El drama ha permanecido impune e ignorado por los libros de historia.
Hasta los años setenta, el mar Báltico estuvo arrojando los cadáveres y restos de los deportados asesinados. En el llamado "proceso Curio haus", el ex oficial de las SS Max Pauly, el comandante del cam¬po de concentración de Neuengamme y el jefe del campo Thu-mann fueron juzgados, condenados por crímenes de guerra y ahorcados en la penitenciaría de Hameln.
Muchos oficiales de las SS del campo de Neuengamme fueron juzga¬dos entre 1945 y 1948 por tribuna¬es militares ingleses. Pero ninguno de los muchos otros alemanes, culpables o cómplices del asesinato de los deportados del Cap Arcana y del Thielbek fue juzgado ni por una corte británica ni por una corte alemana.
Los restos del Cap Arcana permanecieron encallados en la bahía de Lübeck hasta 1950; luego fueron desmantelados por buceadores y reducidos a chatarra. Sobre el espigón de Lübeck fueron estudiados y fotografiados en detalle por la firma Rolls-Royce, que había fabrica¬do las bombas inglesas, con el fin de... evaluar la eficacia de estas últimas. Cuatro años después de su naufragio, el Thielbek, sacado a flote y reparado, fue puesto nuevamente en servicio bajo el nombre de Reinbek. En 1961, la compañía marítima Knohr & Burchard vendió el Reinbek, que navegó entonces bajo bandera panameña. En 1974, el ex Thielbek fue desmantelado en Split, en la ex Yugoslavia. Los restos de los cadáveres encontrados entre sus partes fueron colocados en 49 ataúdes y descansan finalmente en paz en el sector Cap Arcana del cementerio de Lübeck.
La Unión Soviética se apoderó del Athen como indemnización de guerra y lo denominó General Brusilow. El 27 de mayo de 1947 fue regalado a Polonia. Rebautizado Warynski, siguió navegando duran¬te mucho tiempo entre Gdansk (ex Dánzig) y Buenos Aires, vía Ham-burgo. En 1973 fue puesto fuera de servicio y se utilizó como depósito flotante en la ciudad polaca de Stettin, con la denominación NP-ZPS8.
Hoy, sesenta años después, la tragedia de Lübeck sigue siendo un tabú. En Francia, sólo quedan unos pocos deportados supervi¬vientes que reclaman la verdad. Quieren saber por qué ningún his¬toriador ha trabajado sobre esta página de la II Guerra Mundial, por qué en las bibliotecas francesas ningún libro menciona esta trage¬dia, por qué los archivos de la Royal Air Forcé sobre esta catás¬trofe no se abrirán hasta 2045. En memoria de sus compañeros desaparecidos, estos supervivientes quieren dar su testimonio sobre las atrocidades de los nazis, la locura de la guerra y las revanchas ciegas que condujeron a la masacre de miles de inocentes.



(1) Prisioneros jefes en los campos de concentración nazis (kamerad polizeli.)


Por Franzk Mazoyer
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Atentos saludos

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« Respuesta #1 en: 30 de Diciembre de 2007, 00:14 »

Algunas fotos del Cap Arcona:





















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continuara........
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tano
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« Respuesta #2 en: 13 de Enero de 2008, 02:13 »

He oido mucho hablar del Cap Arcona y visto fotos desde que era chico, porque fué un barco famoso en la ruta hacia Buenos Aires. Además hermoso por su primera clase que superaba los 500 pasajeros, preferida por la gente rica sudamericana que iba hacia Europa.
Angel tus fotos buenisimas. Espero que todos las aprecien, como hago yo, porque son barcos que vale la pena saber que exsistieron y lo importante que fuéron, no solo por su tragedia.

Un saludo.
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01 de Septiembre de 2010, 10:49
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